domingo, 5 de diciembre de 2010

AQUELLOS TIEMPOS DEL AUTOSTOP


Hubo un tiempo en el que la solidaridad imperaba y medio mundo transportaba gratis al otro medio. Aquello tenía algunos inconvenientes que de vez en cuando daban disgustos, tanto a conductores como a viajeros. No era raro que te cogiera un automovilista con necesidad de público para las locuras de velocidad y de vez en cuando hubo robos por parte de autoestopistas y también con los conductores como autores del delito.

En mis tiempos de Instituto era muy normal hacer viajes de 7 km a dedo, ya que bastaba con ponerse visible y en minutos ya te paraba alguien, generalmente conocido. Había quien se recorría 70 km y quien iba de vacaciones con ese sistema. Por cierto que algunos me comentaron que Valladolid era una ciudad algo maldita para salir de ella haciendo autostop.

Una vez que tuve coche fui devolviendo favores a otros. Recuerdo que en ciertos tramos como Colindres-Laredo y Orio-Zarautz era muy habitual la presencia de chavalería en pequeños grupos. Igualmente vi que el dedo era muy útil para salir de las playas vizcainas.

Hice autostop entre Benicarló y Peñíscola y funcionaba igual que en el norte. En general había gente agradecida y otra que no abría la boca. Se veían curas y reclutas con el dedo alzado.

Luego vino la prosperidad y cada vez había menos gente en las cunetas; la poca que nos encontrábamos tenía peor pinta que nunca y quitaba las ganas. Nos volvimos desconfiados y el fenómeno sobrevive a duras penas. Las autopistas y las circunvalaciones complicaron enormemente el autostop y ahora parece cadáver. Lo máximo que vemos son acuerdos vía internet para compartir gastos en determinados recorridos, pero la improvisación ya no existe.

La última vez que hice dedo fue hace unos meses y fue selectivamente, ya que iba mirando el tipo de coche porque no estaba dispuesto a subirme en cualquier cosa. Recordé lo que nos dijo una vecina que estaba haciendo autostop cuando mi padre paró su Seat 600 y se negó a subir argumentando que para viajar en un coche como ese siempre había tiempo, que por lo menos quería un Seat 124.

1 comentario:

Toni dijo...

A mi lo que me llamó mucho la atención en los años 80 fue que en Vigo los chavales hacían autostop en la plaza de España para bajar hacia el barrio de Coia y la zona de Balaídos. Yo eso del autostop interior en la ciudad nunca lo había visto en Oviedo.