domingo 30 de octubre de 2011

LOS DIEZ PECADOS CAPITALES DE LOS VIAJES LARGOS EN COCHE

ERRORES MUY COMUNES QUE PUEDEN ARRUINAR TU GRAN VIAJE EN COCHE


Viajar es un placer y el coche te da libertad, pero nadie está libre de cometer ciertos pecados capitales que suelen estropear una experiencia viajera. Te descubrimos los fallos más habituales en los desplazamientos de largo kilometraje. Algunos de ellos pueden salir muy caros.

Barcelona-Lisboa, Granada-Bilbao, Madrid-París, Zaragoza- Bruselas, Vigo-Almería. Todos esos recorridos tienen en común la elevada distancia entre origen y destino. Muchos de nosotros hemos hecho viajes agotadores y en ellos nos hemos inspirado para ayudar al lector a programar sus viajes.

1. ¿Seguro que necesitas ir en coche? Hoy en día ,con los precios de los vuelos de bajo coste, el viajero llega desde Murcia hasta el aeropuerto alemán de Hahn en dos horas, cubriendo casi dos mil kilómetros que conduciendo sin parar llevarían dieciocho horas de coche, con el consiguiente gasto de combustible y peajes. En estos casos compensa de largo programar el viaje con antelación e invertir lo ahorrado en un coche de alquiler, evitando de ese modo el desgaste de nuestro vehículo. Si viajamos desde Madrid a París y solo queremos visitar la ciudad de las luces el coche será incluso un estorbo dentro de la ciudad y nos veremos obligados a pagar elevadas tarifas de parking. Obviamente si vamos de turismo y en varias etapas, la cosa cambia, pero es evidente que cuanto más largo es el desplazamiento menos compensa el vehículo propio y más conviene la opción de volar.


2. Confiar ciegamente en el navegador no resulta conveniente. Si la ruta supera los mil kilómetros o ronda esa distancia es recomendable analizarla con detenimiento antes de viajar. Un conductor debe contar siempre en su guantera con un mapa de carreteras actualizado y planificar el recorrido de manera visual en lugar de obedecer órdenes ciegamente. Los recursos que ofrece internet son muy útiles, pero en Google maps la simbología no es tan fiable como la que ofrece Viamichelin.com, cuyos mapas muestran las autovías y autopistas con la representación de un mapa oficial. No está de más comentar con los conocidos el plan de ruta para obtener información privilegiada. Muchos navegadores están mal configurados o sin actualizar e incluso en estado óptimo una persona toma mejores decisiones que una máquina.


3. Plantearse objetivos basados en velocidades ilegales, demasiado ambiciosas o realizadas en viajes anteriores. Novecientos kilómetros en seis horas suena bien pero lo más fácil es que salga caro y no solo por las multas sino porque la conducción a velocidades muy elevadas durante varias horas resulta agotadora. Por supuesto que la probabilidad de provocar un accidente se incrementa notablemente. Incluso circulando a velocidad máxima legal las medias caen dramáticamente con cada parada o incidencia en la circulación. Hay que contar siempre con detenciones para repostar, ir al servicio, comer algo o sencillamente estirar las piernas. Si es la primera vez que hacemos el trayecto hay que evitar planes muy optimistas que luego nos hacen llegar a destino a las dos de la mañana y con gran fatiga. Ojo porque si el que hacemos es un viaje que ya conocemos al dedillo no podemos marcarnos objetivos de superación; hoy en día las comunicaciones son tan buenas que difícilmente van a mejorar y el tráfico es mayor que hace unos años.


4. Cuidado con pararse para hacer turismo porque entonces no llegamos nunca. Lo que inicialmente se preveía como breve parada para visitar un pueblo típico acaba llevando fácilmente un par de horas y demorando la llegada más allá de la caída del sol. Lo ideal es llegar siempre de día. Un viaje de mil kilómetros no permite errores. Por cierto que las comidas copiosas deben evitarse a toda costa; es mejor conducir con algo de hambre que con empacho.


5. Hacer el viaje “de un tirón” o con pocas paradas, confiando en la presencia de dos conductores. Esto provoca que el cuerpo se entumezca y los músculos sufran, por no hablar del deterioro en las capacidades de percepción. Más de trescientos kilómetros sin parar ya son un exceso. Parar unos minutos no es perder el tiempo sino ayudar al cerebro.


6. Pretender que todo el viaje se haga en un solo día. Ya que hemos decidido llevar el coche muy lejos de casa, lo importante es que el viaje nos proporcione una buena experiencia. En estos casos se puede hacer una pequeña inversión en seguridad y placer contratando una noche intermedia en un alojamiento hotelero. De esta forma haremos turismo a la ida y a la vuelta. Son todo ventajas. Por una parte afrontaremos la primera etapa del viaje con tranquilidad y nos podremos parar con frecuencia si nos apetece, ya que sabemos que el destino está cerca. A la vuelta no está de más hacer lo mismo y cuando lleguemos a casa nos sobrará tiempo para descansar. De Málaga a San Sebastián durmiendo en Segovia, de Valencia a Oporto con noche en Salamanca, de Cádiz a Gijón pernoctando en Toledo. El mapa nos ofrece numerosas posibilidades para convertir el traslado en algo más divertido para la familia. Hay muchas cosa que ver entre Barcelona y Huelva como para pasar de largo.


7. Si vamos a un hotel, lo mejor es confirmar previamente la ubicación exacta del establecimiento. No es raro que tras un viaje perfecto perdamos muchos minutos en busca del alojamiento que hemos reservado. Muchas veces los hoteles no dan los datos correctos para localizarlos y damos vueltas en busca de un lugar mal indicado. Imprimir un mapa de la ubicación nos ayudará. No dudemos en parar a preguntar. Por cierto que donde siempre saben la situación de un hotel es en otro hotel. Conviene tener anotado en el móvil el número de teléfono del establecimiento para casos de emergencia.


8. Otro error muy grave es no contar con las condiciones meteorológicas. En Francia se permite circular a 130 km/h en autopistas pero el límite disminuye a 110 km/h en caso de lluvia. Aquí vamos a 120 km/h pase lo que pase, pero no podemos esperar lo mismo de un día en el que nos llueve todo el tiempo desde Cáceres a Logroño que de una jornada sin complicaciones. La lluvia y el viento nos obligarán a circular con más calma y aumentarán el tiempo de viaje. Hay conductores que descienden los puertos de montaña con niebla como si dispusieran de un radar para detectar a los vehículos que van delante, pero para los humildes mortales la precaución es sagrada.


9. Nada de ahorrar en peajes. En una etapa corta desde Madrid a Valladolid nos podemos ahorrar cinco euros yendo por Segovia o diez por la nacional, pero cuando quedan varios cientos de kilómetros por delante, la velocidad media cae a mínimos y nos penaliza. Otra cosa es que haya una autovía gratuita alternativa a la autopista de peaje, caso del trayecto Barcelona-Lleida; hay muchos camiones pero no bajamos de 100 km/h. Viajes como Sevilla-Coruña salen gratis total en ese apartado, pero de Bilbao a San Sebastián hay que abonar el peaje so pena de regresar al pasado con medias de 40 km/h solo aptas para hacer turismo.


10. Por supuesto que el pecado capital más grave es salir a la aventura y sin haber revisado el coche primero. La presión de los neumáticos no será la misma con el coche cargado a tope. Lo recomendable es pasar por el taller como medida preventiva. Este es un consejo tan visto como obviado. Los coches necesitan mimos y hay que salir a la carretera en perfecto estado de revista. Recomendamos encarecidamente circular todo el tiempo con luz de cruce; no vamos a ver mejor pero sí nos van a percibir en toda circunstancia con unos segundos de ventaja. Si todos hacemos lo mismo el viaje tendrá un plus de seguridad.

Se podría decir que al tiempo programado se le puede añadir un 20% extra en concepto de margen de seguridad por si acaso. Ojo con la confianza en la velocidad que nos indica el coche, que suele ser inferior a la real; para eso sí nos conviene un navegador. Un viaje largo es una cosa muy seria y no hay que bajar la guardia nunca.

domingo 2 de octubre de 2011

RAREZAS EN HOTELES. AIRE ACONDICIONADO CENTRALIZADO.

Antiguamente eso del aire acondicionado no existía. Si hacía calor te jorobabas y punto. Si encima te tocaba una habitación abuhardillada la cosa podía ser una auténtica tortura. Pero llegó la modernidad y las cosas cambiaron para siempre. Debía tener yo unos 10 años cuando entré por primera vez en un establecimiento hostelero con el lujo asiático del aire acondicionado; creo que fue en Medina de Rioseco y salí de aquella cafetería con un resfriado descomunal. Supongo que me pasó como a una amiga que llegó a Caracas y durante la primera noche de hotel abusó del aire fresco tanto como para pasar una semana afónica. Para los que somos cantábricos el uso del aire acondicionado en la vida cotidiana se reduce al coche y a los viajes fuera de la zona donde vivimos. Lo complicado es acostumbrarse. En lugares donde se hace inevitable, el personal controla de maravilla y prefiere enfriar primero el dormitorio antes de irse a dormir para desconectar el aparatito durante la noche o programarlo para que se apague a una determinada hora. No es sencillo adaptarse a los cambios de temperatura y por la noche el cuerpo pide un extra de calor.

A lo que vamos. Existen hoteles en España donde la regulación del aire acondicionado no es individual sino centralizada, como ocurre con las tradicionales calefacciones centrales. Inicialmente no parece una buena idea porque se pierde independencia, pero sin embargo la cosa funciona mejor de lo que parece. Por una parte el interior del hotel se refresca con un menor gasto energético, ya que es más sencillo mantener los 22 grados que bajar desde 35 hasta una temperatura aceptable. Por otro lado todas las habitaciones se hallan a la misma temperatura y ya sabemos que si las de al lado están vacías, la refrigeración se complica. Experimenté el sistema en un hotel cercano a Barajas y en otro de Cáceres con resultados muy paradójicos. Pensaba que se trataba de una antigualla pero quedé bastante convencido. Se logra una temperatura conveniente para el cuerpo humano sin recurrir a vientos polares.

Que conste que también es muy importante que los pasillos disfruten del mismo confort que los dormitorios y que la salida de la habitación no implique un golpe de calor. Ojo porque he estado en pasillos de cinco estrellas donde la temperatura subía de 45º y eso no se lo deseo a nadie.

Pues sí, curiosamente el aire acondicionado centralizado no es una chapuza sino una solución eficiente desde el punto de vista energético y del confort.