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AIRE ACONDICIONADO, POR FAVOR.

Este verano estuve en Tenerife y la experiencia resultó grata pero hay que ser crítico con los destinos y pedirles que mejoren la calidad de su oferta. El hotel de cuatro estrellas en el que me alojaba sólo ofrecía aire acondicionado en las habitaciones, de modo que el hall era un invernadero y el comedor un auténtico horno en el que había que cenar a 27 grados, con el consiguiente agobio. Teníamos que comer a toda leche para salir cuanto antes. Entrar a la discoteca era acceder a una sauna. Mi sorpresa fue en aumento cuando comprobé que la inmensa mayoría de restaurantes y cafeterías de la isla carecen de aire acondicionado con la excusa de que allí no hace falta porque casi nunca hace mucho calor. Eso mismo decíamos en Asturias y ahora son muchos los establecimientos que ofrecen esa comodidad en cuanto el termómetro pasa de los 22 grados, cosa poco frecuente pero posible y por tanto previsible. En los barcos de la Naviera Armas la climatización funciona de cine y no apetece bajarse al final del viaje.

Incluso en un centro comercial me encontré con que sólo algunas tiendas están climatizadas pero no las dependencias comunes, así que acabé pasando un rato en la sección de congelados del Mercadona para recuperarme de la experiencia. Da igual que según muchos canarios las temperaturas sean casi siempre agradables, pues hay que tener en cuenta que el 99% de los visitantes procede de sitios mucho más fríos y para hacer frente a una ola de calor hay que estar preparados.

Naturalmente que el calor excesivo favorece el consumo de refrescos y eso lo saben muy bien los propietarios de locales de movida donde misteriosamente los extractores de aire pocas veces hacen bien su función. Menos mal que en el aeropuerto Reina Sofia se estaba de maravilla a la espera del vuelo de vuelta. Curiosamente a 100 metros de la terminal hay una gasolinera con máquinas expendedoras de bebidas al 50% del precio que piden en el aeropuerto.

Hace unos años subirse al metro de París o Londres en verano era toda una odisea porque los trenes iban preparados para el frío pero no para el calor. Hoy en día las cosas han cambiado y ya no hace falta tirarse a las fuentes para refrescarse.

En Canarias deberían tomar buena nota de lo que comento porque uno está dispuesto a cambiar de destino si le ofrecen soluciones a sus problemas; el calor excesivo es una cosa muy seria y un asunto sanitario, sobre todo para los que vivimos todo el año en zonas que ya llevan el aire acondicionado de serie. Ojo porque también en el norte de España hay hoteleros que se niegan a poner la calefacción a no ser que esté cayendo una helada incluso cuando los huéspedes son de zona caliente. Hay que ponerse en el lugar de los demás y gastarse un dinero en equipos para refrescar a los clientes para que su estancia no se convierta en un suplicio.

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