lunes, 19 de marzo de 2007

UN PAR DE PUEBLOS MUY PECULIARES


Los pueblos de alta montaña impresionan. Hay que tener amor y apego a la tierra para vivir en lugares inhóspitos y de acceso complicado. Destacaremos dos que tienen algo en común, a pesar de distar bastante kilómetros entre ellos. Por un lado tenemos a Tresviso, en Cantabria, cuyo unico acceso rodado se realiza a través de Asturias. Tresviso está a poco más de 800 metros de altitud pero la carretera viene de Sotres y alcanza cotas superiores a los 1300 metros, de modo que en cuanto nieva un poco se corta la comunicación. Hay una senda que permite acceder a la localidad de Urdón pero no es precisamente recomendable cuando se trata de subir una lavadora. Tresviso es un lugar hermoso con una elegante arquitectura y allí se produce queso picón, prácticamente idéntico al popular Cabrales. Para llegar a Tresviso hay que acceder por Arenas de Cabrales y Poncebos, de modo que la distancia a la capital de provincia es muy elevada. Además tiene municipio propio y todo. Me han comentado que en su taberna se come un cabrito espléndido.


En la provincia de Lleida nos encontramos con Os de Civis. Aquí la gracia no es que se acceda precisamente por otra provincia sino por otro país y encima no comunitario, o sea, Andorra, que además provée de muchos servicios, excepto la energía eléctrica. Os de Civis está a más de 1600 metros de altitud y aquí las nevadas son de órdago a la grande. Obviamente la arquitectura local está adaptada a los rigores del clima.

Tresviso y Os de Civis tienen mucho en común e incluso en la foto se parecen. Eso sí, desde Os de Civis se puede bajar a comprar cosas baratas en un pispas y desde Tresviso no precisamente. Un par de lugares especiales que el viajero debería conocer.

1 comentario:

Chesca dijo...

Conozco Tresviso desde hace cincuenta años, no habia de nada, era una aldea en lo más recóndito del entorno de los Picos de Europa. Para acceder a él, so existía la senda que parte de Urdón, en el desfiladero de La Hermida. Más de dos horas de durísima subida por una empinada senda que hoy es un monumento turístico para los amantes del treking. Recuerdo ver subir al cartero resoplando, cuando le tocaba repartir el correo en tal "idílico lugar".